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Hoy JuanBa me propuso hacer dedo. Yo sé que no es algo tan terrible y de hecho ya he viajado en vehículos extraños antes, pero recién llegábamos a Uruguay (anoche nos fuimos de Gualeguaychú para salir del país. Como el conflicto de las papeleras terminó bloqueando el paso Gualeguaychú-Fray Bentos, tuvimos que ir hasta Colón, donde se encuentra el siguiente puente –a Paysandú -), y el aire forastero me puso arisca. JuanBa me tranquilizó, me dijo que –Uruguay era igual a Argentina ( y efectivamente es así), pero yo seguía con un gusto amargo, porque para colmo ayer me llamó Eugenio preguntando dónde estábamos y le di la terrible noticia. Empecé a temblar, y lo dejé hablando con JuanBa; no sé que se dijeron.
Por suerte, al poco tiempo nos levantó un tipo divino. Labura con su combi, llevando obreros rurales de Paysandú a sus alrededores. Nos dejó en la entrada del pueblo; ahí donde la ruta se bifurca hay una zona que bien hace las veces de parque, sin llegar a serlo.
Ahora estamos acá, acampando. Es un noche calurosa, hay luna llena y el lugar es tranquilo. Mañana planeamos llegar a Montevideo. Vamos a conocer las famosas costas atlánticas del Uruguay.
Ceci, la otra empleada que laburaba en la biblioteca conmigo, me habló muy bien de Cabo Polonio. Por lo pronto iremos a Montevideo, y allí veremos mejor. Quizás empecemos por Punta del Este, aunque a JuanBa este lugar no creo que le guste mucho (la pasaría mejor más al norte, donde se respira más el aire bohemio).
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Hoy a la mañana, durante el corto lapso que estuvimos en Colón, sentí algo muy fuerte. Como es 1ero de marzo, y los colegios ya abrieron, más de una vez nos cruzamos con contingentes de niños que iban a la escuela. Fue fuerte recordar mis años de educación primaria y las miles de mañanas que yo pasé así, frecuentando un aula que se me aparecía gris, mirando por la ventana los árboles de la cuadra y escuchando el rumor ocasional de los autos , preguntándome qué sería de la vida de aquellas personas que veía las contadas veces que salía a la calle con mi grado: el señor que pasea su perro, el hombre que maneja un auto, el chico que camina por la calle con su mochila… y ahora yo me estaba reconociendo a mi misma en esas figuras que tanto me atraían cuando niña. Estaba viendo en la cara de todos esos chiquitos con guardapolvo mis propios ojos escrutantes, mi propia inocencia cautivada por aquella ajenidad maravillosa. Quién será esa muchacha cuya mochila mide lo mismo que nosotros? Qué tanto llevará ahí? De tan lejos vendrá, que no pudo viajar más ligera? No lo sé, niños queridos, no lo sé. Les juro que si algún descubrimiento he hecho a lo largo de estos años sobre esas personas, es que no escondían tanto como yo pensaba.
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