lunes, 22 de marzo de 2010

Sean los Orientales tan Valientes como Ilustrados (Reflexión del Uruguay)

Uruguay es a primera vista un país poco interesante (por lo menos desde la visión de un argentino). La cultura uruguaya, es bastante parecida a la Argentina. Su historia tiene muchos punto en común con la Argentina. La cruzada libertaria de los Treinta y Tres en 1825 en contra del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve (uno de los máximos hitos en la historia uruguaya) se inicia en Buenos Aires y el mismo Rosas ayuda económicamente.
Probablemente sea el país con mayor consumo de yerba mate per cápita del mundo. Su destreza para cebar mate es casi asombrosa. Pueden realizar casi cualquier tarea simultaneamente los he visto cargar nafta y cebar mate, incluso andar en moto (esto seguramente supone un riesgo vial, pero aún así es digno de asombro).
La cantidad de motos en Uruguay también es increíble. Su población si bien asentada es muy móvil (no todos los pueblos tienen escuela, se generan muchas idas a la Argentina ya que los productos son más baratos, por dar algunos ejemplos) y el concepto de peatón es casi nulo. Su transporte público es casi inexistente a su vez. La moto es usada muchas veces como el vehículo familiar, es muy común ver motos con tres, cuatro o hasta cinco personas. Esto denota una relativa falta de clase media propiamente dicha, un vehículo de transporte es imprescindible en Uruguay pero los autos -en realidad las chatas- no son asequibles a gran parte de su población.
Sus mayores actividades económicas son la ganadería y la forestal. Esta última altamente planificada y racional, no talan bosques indiscriminadamente como pasa en Argentina, utilizan un sistema racional de rotación de la tierra y plantación de arboles de rápido crecimiento (eucaliptus). Hace algunos años Uruguay decidió dedicarse a la actividad forestal -principalmente para pasta de papel- decisión sabiateniendo en cuenta la infraestructura (pobre) uruguaya, su territorio y la consideración de adquirir un puesto dentro del mercado mundial. Supongo que los frutos de esta decisión están empezando a ser remunerados.
Uruguay es un país muy caro, se maneja principalmente en dólares debido a la actividad ganadera (casi puramente de exportación) y al turismo internacional. El manejo en dólares y la reciente crisis mundial hirió fuertemente a la industria ganadera uruguaya.
La mayoría de sus productos se importan de Brasil y su cultura masiva de Argentina. Telefe y Canal 13 tal vez sean los canales más vistos en la televisión uruguaya. Por otra parte, las playas del Uruguay son hermosas, también es un país bastante seguro lo que atrae mucho turismo internacional (el ejemplo más claro es Punta del Este). Debido a esto se puede clasificar arquitectónicamente a Uruguay en dos. Una arquitectura más vieja y típicamente colonial y otra novedosa y dedicada al turismo. Como pueden ser grandes complejos creados gracias al turismo internacional o para un turismo tal vez menos ostentoso los chalets.
Como dije anteriormente su población urbana es muy poca y su población rural es muy amable (lo que parece ser casi una norma en este tipo de poblaciones).
Los vagabundos de Uruguay son también en mayor medida (en todos lados se encuentra todo tipo de gente) increíblemente amables y hasta se diría "serviciales". Esto probablemente se deba a la exclusión de parte de la sociedad en la que se encuentran, su amabilidad -en algún punto paternalista- con lo que ellos llaman guríes (chicos) debe radicar en la necesidad que todos los seres humanos compartimos de sentirnos útiles. Otro hecho interesante es su total falta de tabú respecto al contacto físico con desconocidos. Son personas totalmente desprovistas de cualquier tipo de contacto humano y lo buscan desesperadamente aunque sea en un apretón de manos. En condiciones de exclusión máxima lo que uno anhela es sentirse parte de algo.
Políticamente Uruguay (como una gran parte de América Latina) se encuentra en medio de una etapa interesante, llamarle revolución como opinan algunos es a mi entender pecar de optimismo. Las últimas elecciones presidenciales fueron conquistadas otra vez por el Frente Amplio (el presidente anterior Tabaré Vazquez también pertenecía a ese partido), con la candidatura de Pepe Mujica. Un líder que presenta un pasado interesante ya que fue guerrillero durante la última dictadura en el Uruguay. Durante la presidencia de Tabaré había sido el Ministro de Agricultura, Pesca y Ganadería.
Actualmente también se están llevando a cabo las elecciones de Intendentes en Uruguay. El país está dividido en 19 departamentos, cada uno de ellos bajo la tutela de un intendente por un período de 5 años. El Frente Amplio se dispone a adquirir la mayor cantidad posible de Intendencias para coordinar conjuntamente con el Poder Nacional un proyecto basado en cuatro ejes: Educación, Seguridad, Medio ambiente y Energía. Este proyecto intenta trascender al partido político gobernante para a su vez trascender el período de gobierno. A su vez se está promoviendo una reforma de la administración pública. Si podrán lograr su plan y en que consiste esta "reforma" son preguntas para un analista político mas suspicaz y mejor informado.

Juan Bautista Lamas

Kafka en la orilla (Haruki Murakami)

"El lector no elige al libro, sino el libro al lector" es una frase popular entre los libreros, supongo que en algún punto como estrategia de venta. Esto no quita la veracidad del dicho aún cuando sea un regalo.¿Que es lo que lleva a una a persona a elegir un regalo - y nada menos que un libro- a otra persona?
Como todas las preguntas esta no tiene una única respuesta:
Puede ser el diseño de la tapa y contratapa. Título, imagen y reseña que resultan atractivas (hay que agradecer a los editores por esto).
Tampoco hay que descartar la recomendación del librero, pero como todas las vocaciones esta parece ir menguando hasta casi el punto de extinción.
Pero hay otra razón y esta me parece la más importante. Una mezcla perfecta entre generosidad y egoísmo; entre afecto y raciocinio.
Esto pasa cuando disfrutamos al extremo un libro y nuestra generosidad quiere compartir con otras personas ese disfrute y nuestro ego nos lleva a pensar que si nosotros lo disfrutamos la otra persona también lo hará.
Esto pasa cuando nuestro afecto nos impulsa a influenciar positivamente la vida de un ser querido y nuestro raciocinio nos dice que lo podemos hacer a través de este libro y no otro. Regalar un libro es la aceptación del otro y a su vez una búsqueda de cambio. Fue así como llegó a mis manos este libro, me lo regaló una profesora de secundario al enterarse de mi viaje.

Haruki Murakami (Kioto, 1949) es un escritor japonés muy de moda en los últimos tiempos. Tanto es así que este libro publicado en el 2002 fue considerado por el New York Times el mejor libro del año.

El detonante de la historia es la huida de "Kafka Tamura" el día de su decimoquinto cumpleaños de su casa en Tokio, en un intento de escapar de la profecía vaticinada por su padre. El mataría a su padre y dormiría con su madre y hermana (ambas lo abandonaron a él y a su padre cuando Kafka tenía cuatro años). Hay otra historia entre lazada en el libro, la de Satoru Nakata un anciano que durante la Segunda Guerra Mundial perdió la mayor parte de su intelecto pero a cambio ganó la habilidad de comunicarse con los gatos y gracias a esta habilidad encontró un oficio tanto particular: buscador de gatos perdidos.
Hay dos narradores en el libro, uno en 1ra persona encarnado por Kafka Tamura y esporádicas apariciones del joven llamado Cuervo y otra en 3ra narrando la historia de Nakata con esporádicas apariciones de documentos oficiales investigando su "accidente" durante la guerra.

Murakami crea lo que para "la mayoría de los occidentales sería un relato fantástico: aparición de espíritus, otros mundos no visibles, habilidades sobrenaturales. Sin embargo en toda la cultura y literatura japonesa (explicado perfectamente por Oshima, un bibliotecario en la historia, a través de haikus, tantas y otros relatos japoneses) estos sucesos fantásticos son intrínsecos a ellas. Lo que hace Murakami es modernizar esta concepción, tanto es así que los espiritus toman la forma del Coronel Sanders o Johnnie Walker (imágenes comerciales de Kentucky Fried Chicken y Whisky Johnnie Walker respectivamente), para poder situarla en el Japón del siglo XXI.

Es un libro largo pero de muy fácil lectura, ideal para el acercamiento de "principiantes" a la literatura japonesa. A pesar de ser mencionados varios autores y escritos japoneses no es necesaria el anterior conocimiento de éstos. Esta concepción japonesa del mundo "tensa metafísicamente el pensamiento" en palabras de John Updike.


Juan Bautista Lamas

"Kafka en la Orilla", Haruki Murakami, Tusquets Editores, 2009, traducido por Lourdes Porta. Título Original "Umibe no Kafuka". ISBN: 978-987-1544-18-9



Kafka en la orilla del mar

Cuando tú estás en el borde del mundo
Yo estoy en el cráter de un volcán muerto
A la sombra de la puerta
Se yerguen las palabras que han perdido sus letras

Al dormir, la luna ilumina las sombras
Pececillos caen del cielo
Al otro lado de la ventana
Hay soldados con el corazón endurecido

Kafka está sentado en una silla a la orilla del mar
Pensando el péndulo que hace oscilar al mundo
Cuando el círculo del mundo se cierra
La sombra de la esfinge sin destino
Se convierte en cuchillo
Y atraviesa tus sueños

Los dedos de la niña ahogada
Buscan la piedra de la entrada
Alza las mangas de su vestido azul
Y mira a Kafka en la orilla del mar

Kafka está sentado en una silla a la orilla del mar
Pensando en el péndulo que hace oscilar al mundo
Cuando el círculo del mundo se cierra
La sombra de la esfinge sin destino
Se convierte en cuchillo
Y atraviesa tus sueños

APÉNDICE 2: Juan Bautista. Más Allá del Golfo de México (Aldous Huxley)

La grandeza impone silencio. Al contemplar algo imponente ya sean joyas arquitectónicas, grandes obras de arte, paisajes majestuosos uno no puede más que quedarse mudo. Uno se sabe encantado, atravesando un puente y teme (no sin razón) que al emitir palabra ese hechizo se rompa y uno quede mirando un montón de rocas apiladas, una señora con una sonrisa tanto extraña o un desierto a 40 grados y con un poco de dolor de cabeza. La grandeza impone silencio porque nos hace dar cuenta de nuestra inferioridad.¿Como describir algo hermoso en palabras sin disminuirlo, sin que suene vulgar? Pareciera que la única respuesta es talento, pero ¿que nos queda al resto de los mortales (por desgracia la mayoría) que no gozamos de ese talento? Sólo callar y dejarse llevar.

Esto pasa con este libro, no me atrevo a reseñarlo. La reseña es especialmente díficil (a mi entender), no consiste sólo en describir algunos tecnicismos como narrador, estructura literaria y sinopsis de la trama. La reseña incluye todo esto pero hay algo más: la conciencia de saberse modificador de la obra reseñada. La literatura, si bien separada por una cuestión práctica en diversas clasificaciones (idioma, época, movimiento, etc.) es una sola. La intertextualidad es total. Si mi reseña no puede brindar algo nuevo a la obra, sino puede siquiera condensarla sin disminuirla mejor que no sea escrita. Es por esto que en cuanto a "Más allá del Golfo de México" decido evitar su reseña. No obstante hay algunas cosas que puedo mencionar sin perjurio del libro. Este libro es publicado en 1934 (el viaje es en 1933) y es un libro de viaje narrando la experiencia del autor en su viaje por México y Centroamérica. Huxley describe con brillantez todo lo que observa pero no sólo se limita a describir, ya sea viendo una danza de toros en Chichicastanengo o vigilado en una frontera por soldados sus pensamientos trascienden. En este libro nos damos cuenta que no importa tanto el lugar visitado (sin ningún tipo de desmerecimiento a Centroamérica o México) sino el viajero mismo.

Aldous Huxley (1894-1963) es una de esas contados personas que conjugaron un total abarcamiento del conocimiento de su época tales como Da Vinci, Kant o Sweddenbörg (éste úiltimo sólo lo conozco a través de Sofi) Su mérito no es mayor al de los otros pero es de destacar que fue el último (que yo conozco) de ellos, lo que implica un conocimiento en su época más vasto (no es lo mismo conocer mil años de historia que conocer dos mil por dar un ejemplo. Era ante todo un científico con amplísimos conociemientos de química, biología, psicología, parapsicología, filosofía, arte e historia (por nombrar algunos).

Su obra literaria como su persona, fue extensa y abarcativa. Su obra más conocida sea probablemente "Un Mundo Feliz" y paradójicamente su obra más mediocre (a mi entender). Sin embargo este libro podría ser considerado la pieda angular de su pensamiento, conceptos tales como condicionamiento, drogas, sociedades planificadas, manejos técnicos literarios y a su vez austeros (tal como la irrupción de un elemento foráneo en un mundo estable para su descripción y crítica, en este caso el salvaje) son encontrados en esta obra.

Para facilitar el análisis de su obra literaria yo divido a la obra de Huxley principalmente en tres partes (hay obras que no entran en esta clasificación y tambien estoy dejando de lado su obra poética):

Ciencia Ficción: Los conocimientos de Huxley combinados con su poder de análisis y previsión se conjugan a la perfección en estos libros (predijo la pérdida de tierras de plantaciones de café en aras del biocombustible hace más de 70 años). Entrarían en esta clasificación libros tales como "Un Mundo Feliz" y "Mono y Esencia" por nombrar algunos.

Novelas: Son obras más bien clásicas centradas en la sociedad aristocrática inglesa. Aunque no me gusta comparar mi mejor descripción sería "Ana Kareninas" ingleses. Estos libros generalmente a través de diversos personajes explayan las ideas de Huxley (y de la época) en temas como arte y amor. "Contrapunto", "Arte, Amor y todo lo demás".

Ensayos: Éste género se podría separar a su vez en dos subgéneros. Uno narrando experiencias puntuales de su vida. "Las puertas de la percepción" narra su experiencia con el peyote (mezcalina), en "Cielo e Infierno" con el LSD, en "El Arte de Ver" con un procedimiento algo atípico del oftalmólogo W. H. Bates. Otro más propiamente de su pensamiento, el ejemplo más claro es "El Fin y los Medios" obra monumental de su pensamiento (altamente recomendable).

Hoy por hoy, posiblemente sea uno de mis autores favoritos y al ser su obra tan extensa creo realmente que cualquier persona puede interesarse por alguna de sus facetas.

Juan Bautista Lamas

APÉNDICE 1: Aurora

Manejos uruguayos del lenguaje:
Como amante de la fonoaudiología, me tomé este pequeño apartado para hacer unos breves comentarios sobre la dicción uruguaya.
Nada puede decirse sobre la lengua de esta cultura sin antes recordar que llevan la expresión ``vaaaamo’ arriba!´´ casi tan incorporada como el mate –y que conste que deben ser la cultura más matera de la historia –. Esta expresión la escuché de boca de los jóvenes, viejos, y voceros políticos.
Siendo hijos del gaucho, quizás sea este quien mayor influencia tuvo en su lengua. Sin embargo, es interesante recalcar que sus palabras no se tiñen con la soberbia que tanto conocemos en la lengua gaucha argentina. Es más bien esa tendencia a estirar vocales en ciertas expresiones, u omitir las S del final de las palabras. Así como nosotros decimos che, ellos dicen vo’.
También la modulación es distinta. El casi nulo entendimiento de los campesinos del corazón uruguayo es algo que no se ve tanto entre los descendientes gauchos argentinos, sino que es comparable más bien con los descendientes indígenas del noroeste. Patinar, es quizás la palabra que mejor define este tipo de habla.
Lo que definitivamente más me llamó la atención –dejando de lado la palabra gurises, que utilizan para denominar a los niños, y me enterneció mucho –es la cadencia que adoptaban los discursos de los lugares más apartados (como Ansina o Arachania). Todas las oraciones tendían a terminar hacia arriba (como las preguntas); era muy extraño para mí, que tanta atención pongo en los modos discursivos de la gente, oír un habla que parecía casi atolondrada pero a la vez natural. Como si siempre tuviesen algo más que decir.
Ojo, no quiero con esto decir que sean parlanchines. De hecho, en estos lugares tan poco acostumbrados al turismo, casi sentí un rechazo por parte de la gente, que nacía no bien captaban que yo no iba a estirar la billetera.
19/3
En Tacuarembó decidimos parar unos días. Todos estábamos medio oxidados por la travesía y además yo señalé que se avecinaba el fin de semana, con lo que nuestras posibilidades de hacer dedo se reducirían bastante. Por ninguna cabeza asomó la idea de tomar un colectivo.
La noche nos agarró en un parque que varios lugareños nos recomendaron para acampar. Era una linda zona, lindante con una bella plaza que lucía glorietas, pérgolas y un humilde anfiteatro. Había una pileta pública, canchas deportivas y juegos hechos con chatarra reciclada.
Igual, en aras del descanso, nos alejamos hacia un sector más boscoso (oh sorpresa: eran eucaliptus).
Tengo una teoría sobre Uruguay. Si bien es magro de territorio, la población aún así es pequeña. Las principales actividades del país son la ganadera y la forestal, y me atrevería a decir que esto debe generar un ingreso medio per cápita superior al argentino.
Una consecuencia directa de este fenómeno es la casi inexistencia de una clase media, los pocos núcleos urbanos y una marginación más marcada, aunque implícita.
El lugar tan bello que describí más arriba es claramente producto de una fuerte inversión en la obra pública, que se entiende si tomamos en cuenta que los uruguayos son pocos y hay pocos lugares donde invertir.
A la mañana siguiente descubrimos que el lugar donde acampamos era hogar de numerosos indigentes. Los uruguayos son gente de campo y –como todos –muy amables con los forasteros. Parece que esta idiosincrasia no escapa a las clases bajas; estos señores literalmente nos mimaron: nos convidaban aceite, leña para el fuego y cubiertos. Alguna que otra vez cenamos con ellos, y no dejaron de aplaudir las habilidades malabarísticas de Julio y Ramón. Parecía mentira que estos autoexiliados –hasta ese punto eran buenos –fuesen tan invisibles a los ojos de su sociedad.
Habría sido difícil despedirme de ellos, si las aguas de un nuevo viaje no hubiesen estado ya inundando mi mente. Quién diría que ese mar sería un océano.
-0-
La noche anterior a partir, mientras JuanBa leía Más allá del golfo de México (yo estoy bastante retrasada con Foucault. Y bueno! Le dedico más tiempo a la escritura…), yo me puse a divagar mirando el mapita que la secretaría de turismo nos facilitó. Repentinamente, se encendió una chispa en mi memoria que terminó trastocando todo nuestro viaje: al noroeste del mapa, se leía un puntillo que decía ``Monte Caseros´´. Monte Caseros… ese nombre me sonaba de algún lugar.
Al instante lo recordé, y mi corazón empezó a palpitar fuertemente. Era un recuerdo angustiante, un estigma del pasado que mi familia había decidido mutilar.
Voy a empezar desde el principio.
A los 24 años, mi padre se enteró que era adoptado. Fue una noticia un tanto trágica, sobre todo porque lo supo mediante una carta de su primo, y no de boca de sus padres. Hace 30 años Pergamino era aún un pueblo chico, y fue un golpe duro para él ir descubriendo lentamente que todos lo sabían excepto él.
Los granos de arena se amontonaban en el reloj de su vida, y la terrible noticia no terminaba de digerirse. Cuando finalmente encaró a sus padres, la situación se tornó peor. Ellos no habían conocido a sus padres biológicos. De hecho, de los trámites legales se había encargado una vecina, que hasta firmó el parte de adopción. Así, se puede decir que mi padre tiene tres madres: una legal, una adoptiva y una biológica.
Sin embargo, él no se rindió. Fue al sanatorio donde nació a buscar los archivos, pero al parecer un incendio los había eliminado. Sólo quedaba una persona a la que recurrir, y era su vecina. Ella fue quizás la única persona cercana a mi padre que conoció a mi abuela verdadera.
Todo lo que ella supo decirle fue que la señora había venido de Monte Caseros, buscando dar un niño en adopción. Al parecer, no quería tener muchas tratativas en el lugar, y por eso de casi todo se había encargado ella. Al menos, pudo averiguar que pertenecía a la comunidad alemana del pueblo. Ahí se terminan los datos. De mi abuelo biológico sólo sabía que estaba muerto. Entonces todas las esperanzas recaían en encontrar a mi abuela.
Lamentablemente, éstas se desvanecieron rápido. No había mucha gente que pudiese ayudarlo, y lo único que atinó a hacer fue poner avisos en los diarios de Monte Caseros. Recuerdo estos sucesos; Eugenio y yo éramos pequeños cuando él se ocupaba de estos trámites y solíamos acompañarlo.
Y bueno, fue así que cuando vi ese nombrecito en el mapa y me sentí tan cerca de él, los genes anónimos que corren por mi sangre me ordenaron que vaya. Le hablé de esto a JuanBa y se mostró de acuerdo. El conocía esta historia de oídas, pero creo que no la siente muy suya. Su entusiasmo frente a esta propuesta venía más bien de la perspectiva de llevar adelante una aventura detectivesca. Jajá, lo comparto; pero sinceramente desde que mi padre me contó esta historia, nunca pude evitar la insoportable consciencia de portar una ascendencia que me es desconocida, de saber que todos los Lamas que vinieron de Extremadura el siglo pasado no tienen más vínculo conmigo que haber sido el siguiente turno en la lista de espera de adopciones.
Eugenio siempre me reprochó esta actitud. Él piensa que nosotros mal que mal somos hijos de nuestro padre y que si él no siente ese vacío por qué habría de sentirlo yo. Pero me parecen divagues. Si yo me siento ajena al apellido Lamas –incluso aunque perteneciese realmente a ese linaje –, no tengo por qué justificarlo. Y aparte me parece que nuestro padre ya tenía un fuerte arraigo familiar cuando recibió la noticia, y la mejor manera que tuvo de afrontar el golpe fue aferrándose aún más fuerte a sus convicciones. No lo culpo. Preferir una mentira consistente a una verdad de agua me parece muy humano.
-0-
Fue así que decidimos volver a Argentina (antes rondaba la posibilidad de subir a Brasil). Sólo restaba ver por dónde, y las opciones eran pocas: Paysandú, Salto y Bella Unión.
Dos fueron las razones que nos llevaron a hacerlo por Paysandú. Uno, que la ruta era más directa y parecía más fácil llegar; y la otra, que allí tendría lugar la fiesta uruguaya de la cerveza (y podríamos ver a Inés y quizás a nuestros amigos hippies de Caraguatá).
Y bueno, con eso quedamos. El círculo se cerraba, y nuestro viaje por la república oriental terminaba donde empezó.
Julio y Ramón se fueron en colectivo, ansiosos de compartir con Ine el descorche de la fiesta. Nosotros, ávidos de continuar nuestras aventuras carreteras, decidimos tomar el camino largo a casa. Quién diría –repito –que ese mar sería un océano.
Tardamos cuatro días en recorrer los 200 km que separan Tacuarembó de Paysandú. Cuatro, de los cuales dos transcurrieron en Valle Edén (cuna mitológica del Zorzal). Por suerte, una señora muy amorosa nos invitó a comer la segunda noche, gracias al caballeroso gesto que tuvo JuanBa de llevarle unas maderas que le dejaron en la ruta.
A la mañana siguiente nos despertamos tempranito y, luego de desayunar con la familia de esta señora, nos despedimos con la fuerte convicción de llegar ese día a Paysandú.
Lo logramos gracias a Gerardo, un peculiar camionero hastiado de una década entera transcurrida en los caminos del Mercosur. Fenómeno global entre los choferes del comercio pesado, Gerardo había sufrido la pérdida de un matrimonio por sus largas ausencias, y comenzaba a peligrar el segundo. Cuando nos levantó a nosotros, volvía a Buenos Aires tras haber dejado su última carga en Rivera. Renunciaba a esa vida divagante para buscar un trabajo de turno cerca de su hogar en La Tablada. Fuerza Gerardo! Desde los rincones de América te envío mi mensaje de fortuna y prosperidad.
Cuando llegamos a Paysandú –el jueves al ocaso –la fiesta de la cerveza ya había terminado, y nuestros amigos nos aguardaban del otro lado del río Uruguay. Sin embargo, eso no nos impidió pasar por cierto bar del centro, para saludar a una camarera rubia con la que siempre estaré en deuda.
Adiós, Patria Gaucha, y vamo arriba!
18/3
mmm… a ver. Mi última anotación es del viernes 12. Pero como la misma correspondía a llenar baches del pasado, ahora tengo que actualizar los sucesos de toda esta semana.
Mi historia se detiene 100 km al este de Tacuarembó. Bien. En ese lugar –cruce de la ruta 26 con la 6 –se llama Caraguatá. Allí conocimos a una pareja uruguaya que se disponía a salir para Tacuarembó. Eran muy simpáticos. Hacían artesanías hermosas con hojas de palmera, y querían pasar por el pueblo natal de la muchacha antes de partir hacia la fiesta de la cerveza que la semana siguiente se daría en Paysandú. Me quedé con ganas de hablar más con ellos, pero llevaban prisa.
Bueno, para refrescarnos un poco, nos duchamos en la estación del lugar, y tomar un matecito. Antes de salir de Pergamino habíamos comprado un anafe que funciona a gas, y se nos acabó justo. Por suerte, tuve el buen tino de comprar un poco de kerosene y alcohol, y cocinamos con eso. Jaja, típica maña de un homeless neoyorquino.
Julio y Ramón tomaron la iniciativa: al anochecer estaban haciendo dedo y en cuestión de minutos habían conseguido un transporte que los llevaba a Ansina (60km más adelante, en el cruce con la 44).
Saben? Es interesante recalcar que todos los conductores coinciden en que una pareja inspira más confianza que cualquier otro grupo que pueda llegar a salir a la ruta para hacer autostop. Cualquiera supondría no sin fundamentos que esto se debe a la presencia de una mujer.
Pero –y casi creería que estoy desmitificando a la sociedad sexista al decir esto –en la práctica se demuestra lo contrario.
Julio y Ramón son pareja; JuanBa y yo no. Y en lo que va del viaje han sido ellos los que más fácilmente consiguieron siempre que los levanten. Podría atribuírsele a la experiencia, si; o al hecho de que mi contextura larguirucha sumada a mi costumbre de llevar siempre el cabello atado hagan que desde lejos pueda pasar por un hombre (lamento decepcionar a mis lectores masculinos, pero no soy lo que se dice un ``minón´´).
Aún así, lo cierto es que las mujeres gozan de fama en el autostop, y el amor de Julio y Ramón las vence a todas. Ninguna pareja hétero les ganaría haciendo dedo. Puedo apostar por ello.
En fin. Nosotros nos lo tomamos más a la ligera. Comimos unos sánguches en la parrillita del lugar, y –para variar –acampamos al costado de la ruta.
Lo acontecido durante el viernes 12 es casi hilarante. Al mediodía nos levantó un matrimonio claramente terrateniente que nos dejó en la entrada de su estancia. Les agradecimos –aunque estábamos en el medio de la nada –y decidimos caminar para ver si encontrábamos mínimamente una sombra en la que descansar.
Pero no hicimos ni dos kilómetros, cuando se acercó una f100 que, por ventura, resultó ser la misma que nos levantó anteriormente. Esta vez el matrimonio venía con un tercero que bien podría ser o su hijo o un peón. De vuelta, el viaje no fue muy largo. A los 15 km se adentraron por una bifurcación de tierra.
Otra vez, empezamos a caminar buscando un lugar donde hacer dedo no sea agobiante. Y otra vez, apareció una f100 en el horizonte. Igual, en zonas agrarias eso no es raro; es el vehículo rural por excelencia.
JuanBa se le acercó para pedirle que nos lleve a Tacuarembó, y el tipo que bajó la ventanilla le dijo `` ya sé que van a Tacuarembó, suban. Yo los dejo en Ansina´´. Era esa misma camioneta otra vez, que ahora venía sólo que el muchacho ese. El matrimonio no estaba.
Ya en Ansina, tuvimos que esperar casi 5 horas para ver una nueva oportunidad de llegar a Tacuarembó. Nos enteramos que ese día había feria ganadera en el pueblo, y gente de todos los alrededores iba o en persona o mediante delegados a pujar por las cabezas de ganado.
Fue terrible la espera; los autos iban todos en la dirección contraria y hacía mucho mucho calor. Al final, a eso de las 7 de la tarde, nos levantó un señor muy simpático que recién salía de la feria. Parecía de particular buen humor, y se divirtió al ver que podría levantar dos viajeros para compartirlo.
Al parecer, este sujeto también había viajado en su juventud. Cómodo de dinero merced a una importante herencia, había decidido salir a conocer Latinoamérica con su novia. Sin embargo, el dinero no les impidió vivir la aventura de viajar por el continente a dedo. Eso sí, al llegar al Caribe, habían contratado un Ferry para conocer todas las islas. Hasta ahí no podremos imitarlo, jeje.
Fue con todas estas historias de viaje que mi cabeza soñadora aterrizó en Tacuarembó. Tan caballeroso fue este señor, que nos llevó hasta la estación de ómnibus (punto de reunión universal), donde dos figuras peculiares nos aguardaban haciendo malabares.
12/3
A ver a ver a ver, creo que estoy siendo un poco maleducada al retrasar tanto la historia de La Pedrera. Crear un poco de suspenso está bien –porque mal que mal este diario/anecdotario tiene que tener su atractivo literario –, pero ya está convirtiéndose en una irresponsabilidad.
Hechas ya las formalidades entre Julio y Ramón y nosotros, Inés se marchó. Era hora de crear un verdadero vínculo con ellos.
Tenían una parrillita para cocinar, soga para la ropa y habían encontrado una bomba de agua. Así que luego de montar nuestra carpa junto a la de ellos, nos dedicamos a calentar agua para cebar unos amargos y conocernos mejor. El lugar en el que nos encontrábamos era a 3 km del centro de La Pedrera, conocido como Arachania. Como en casi todo Uruguay, estaba plagado de zonas densas en eucaliptus donde los muchachos no tuvieron problema para asentarse sin molestar ni ser molestados. A mí me encantó.
Julio quería estudiar cine. Joven –no me atreví a preguntarles las edades –y ciertamente lleno de vida, había dejado a su familia para vivir una vida a su gusto y piacere. Me cayó muy bien.
Su pareja venía claramente de otro pozo. Mexicano, también había abandonado su país, aunque nunca dijo porqué. Tampoco insistí. El punto es que en San Pablo se disponía a estudiar artes plásticas, cuando lo conoció a Julio, y tanto se enamoraron que le propuso volver a su país con él.
Así fue que emprendieron el viaje, decidiendo irónicamente ir hacia el sur primero, para visitar a la familia de Julio. Igual, debo reconocer que no me extraña que estos chicos apunten al norte y disparen al sur; llevan la espontaneidad a flor de piel.
Ah, por cierto, son vegetarianos. Este detalle me encantó; yo amo la comida natural. JuanBa no, él come lo que le pongan en frente.
Ese día culminó con un interesante cruce literario: JuanBa le prestó a Ramón Kafka en la Orilla, y Julio a mí el tomo 1 de la historia de la sexualidad de Foucault. Me llamó la atención que haya elegido ese libro para llevarse de viaje, pero al parecer era un deseo suyo de hacía mucho tiempo que un amigo le había cumplido la semana anterior a partir.
Así se inició nuestra primera etapa sedentaria del viaje. Salimos a correr por la playa (JuanBa está haciendo ejercicio!), comemos sano y respiramos aire embadurnado de la esencia del eucaliptus. Qué pasividad, qué ligereza en el fluir de las horas! No hace una semana que me fui y ya recuerdo ese lugar con añoranza.
11/3
El estado anímico de una persona es sin duda alguna el mayor condicionante de su pensamiento. Ayer pasé todo el día al costado de la ruta, haciendo dedo para ir a Melo, sin éxito alguno. JuanBa se lo tomaba más a la ligera, y fue esto lo que seguramente me permitió conservar la paciencia. Sin embargo, ya a la hora de acostarnos sólo podía hacer vaticinios nefastos para nuestro futuro.
Julio y Ramón estaban bastante en la misma que yo, pero nada es tan terrible cuando estás junto a tu pareja. Por esto fue que además de desesperanzada, me sentía ligeramente abandonada. A la noche tuve sueños bastante nostálgicos (todavía no me acostumbro a la vida en carpa, y suelo despertarme en mitad de la noche más de una vez).
Pero hoy fue todo distinto. A poco de despertarnos nos levantó una camioneta, quizás la más oportuna en todo el pueblo. Me explico:
Nosotros estábamos en un pueblo del centro-este del país, que se llama treinta y tres (merced al regimiento comandado por Lavalleja que en 1825 se adentró en el territorio nacional, que en ese momento yacía bajo el dominio brasileño), y es atravesado en sentido norte-sur por la ruta nacional nº8. Nuestra intención era subir por ésta hasta Melo (juro que después voy a llenar los baches de esta historia) y de ahí avanzar hacia el oeste hasta Tacuarembó.
Pero gracias a Dios (o a esa omnisciencia de nuestro subconsciente) la camioneta que nos recogió nos dejó directamente a 100 km de Tacuarembó.
Mientras viajaba en la parte trasera de ese vehículo no podía dejar de pensar en lo fresco que era el viento y arrullante el sol (antes ráfagas crueles y llama inclemente), y de atribuirle al paisaje de infinitas plantaciones de eucaliptus toda esa belleza que la satisfacción despertaba en mí.
10/3
El sol del atardecer se perfila sobre las tímidas colinas del corazón uruguayo. Los vestigios de una tormenta lejana sirven de techo a este peculiar espectáculo, mientras el sol, como una gota de luz que se deshace en el poniente, deja desfilar mil haces violáceos en la base de las nubes, que se amalgaman con la franja de suaves naranjas que dan fin a la función.
Lento, mi mirada se deja llevar por la mano de Juan Bautista, que dejando atrás los últimos rayos, me descubre la contracara del cielo: un aterciopelado pizarrón de nubes difusas, que se mancha de rosa por el astro ya desvanecido. Sólo los pájaros parecen dejar su huella en él. Sólo los pájaros, ajenos a nuestra suerte terrena.
Me llama la atención la estela lejana de un avión que pasa. El avión parece un grano de arena, pero casi puedo oír el tintinear de la taza que la azafata posa frente a un rostro anónimo; el frufrú de la frazada que su compañero acomoda entre sueños; el aroma fuerte del café que ya comienza a beber…
Anochece en la ruta y nadie nos levanta.
7/3

Qué lindo pueblo es La Pedrera! Hace varios días que estoy acá y podría quedarme muchos más; hay playa pero no muchedumbre, hay bosque pero no aislamiento, y está lleno de patos y caballos. El único problema son los precios; Uruguay es un país muy caro.
Pero bueno, me queda pendiente explicar cómo llegué hasta este lugar, y me instalé tan cómodamente.
Cuando llegué a la terminal, lo encontré a JuanBa en un banco, leyendo Kafka en la Orilla. Estaba medio triste porque, en un ataque de compasión, había llamado a su madre para pedirle que se calmase un poco. Pobre ángel, Virginia jamás volverá a respirar tranquila hasta que él no vuelva. Pero bueno, igual lo intentó. Al menos, le dio una gran tranquilidad al decirle que la llamaría periódicamente.
Luego de contarle mi experiencia, intentamos decidir a dónde ir, y nos dimos cuenta que no teníamos ni idea. Pero de cualquier manera era temprano en la noche montevideana y preferimos posponer esa decisión para conocer un poco la ciudad.
Pedimos un mapa y para nuestra sorpresa encontramos un parque gigante a 5 cuadras (el parque Rodó). Sin lugar a dudas, era uno de los más bellos parques que visité en la vida; lo atravesaban callejuelas adoquinadas con faroles blancos y muchos árboles. Luego de una pequeña caminata encontramos un microestadio y una escuela de educación física. La entrada estaba condecorada con palmeras altísimas; no pude dejar de envidiar a sus estudiantes.
De no muy lejos nos llegó un eco murguero, y se me dibujó una sonrisa al pensar que quizás podríamos disfrutar de una murga uruguaya. JuanBa arriesgó que las buenas murgas no son más comunes en Uruguay que en Argentina.
En efecto, a pocos pasos del colegio había un anfiteatro enorme. No pude menos que aplaudir el buen uso que se le da a ese gran espacio municipal (aunque –sin querer prejuzgar –Macri hizo lo mismo con el microestadio Roca), porque mostraba una gran cartelera con espectáculos diarios.
Se encontraba en escena una murga típica (coro de hombres con redoblante, bombo y platillo) haciendo una comedia musical. Yo estaba al tanto de esa nueva tendencia de los murgueros uruguayos en inclinarse hacia el humor, pero no me imaginaba hasta qué punto. El espectáculo que presencié en poco se diferenciaba de las revistas de Sofovich o los shows de Yayo. Era redundante y obsceno. Vulgar, en una palabra.
Me impresionó aparte la fiebre que hay con respecto al mate. En un primer momento, cuando apenas entré a Uruguay, no dejaba de ver bolsos materos colgando de dos de cada tres hombros que pasaban. Lo entendí como una práctica cultural fuertemente arraigada. Pero en el anfiteatro había carteles gigantes de yerba mate por doquier; algunos con esos fondos psicodélicos de colores chillones que uno espera ver de la mano de Coca-Cola.
En fin, le di la razón a JuanBa y propuse volver a la estación. Acá empezó lo interesante.
Luego de recoger nuestros bolsos en el depósito de la estación, fuimos a sacar pasajes para la costa atlántica, sin tener una verdadera idea de a dónde ir. Pero, sorpresa! Allí estaba Inés, sacando pasajes para La Pedrera.
No intenté ocultar mi curiosidad cuando le pregunté qué estaba haciendo ahí, sacando pasajes para la costa a esa hora de la madrugada y sin su primo.
Ya en nuestra corta aventura había leído en Inés una chica transparente, afectuosa, y que no había tenido reticencias a la hora de mostrarme su mundo, sus pensamientos e intimidades. Fue seguramente ese mismo espíritu confesor el que la llevó a contarme cómo la noche anterior a que ella llegase a la casa de sus tíos, éstos se habían peleado violentamente con Julio –tal el nombre de su primo –debido a que les había querido presentar a su nueva pareja, quien –para su infortunio –resultó ser un hombre.
Riendo, Inés nos confió que venía esperando ese acontecimiento desde hace muchos años, y lamentaba no haber podido presenciarlo. Pero que, de todos modos, había conseguido sonsacarle a sus tíos el paradero de Julio, y se disponía a buscarlo.
Y así fue que, el 3 de marzo, llegamos a este bello pueblo donde decidimos instalarnos unos días. Venimos haciendo vida ahorrativa, con lo que podremos estar cómodos allí, y además moverse mucho durante varios días no es aconsejable para ningún viajero.
Conocimos al famoso Julio y su querido Ramón –quien, por irónica gracia del ``destino´´, es oriundo de México –, con quienes nos vinculamos rápidamente. Inés –que trabaja en un bar de Paysandú –se volvió el viernes tempranito, cumplida ya su tarea cósmica de reunir a los cuatro compañeros trotamundos. Porque hay algo en las intenciones de este peculiar matrimonio que parece querer llevarlos hacia la tierra natal de uno de ellos. Cuál será, que tan oportuno nos resulta?
4/3
Eugenio y Virginia están rabiosos. Creo que nos quieren venir a buscar, pero por suerte no saben nuestro paradero exacto –sólo que estamos en Uruguay -. Todavía no puedo creer lo crucial que fue para este viaje que JuanBa ya tuviese los trámites legales hechos (mi mamá vive en españa, y el año pasado habían ido a visitarla). Nunca habríamos podido conseguirlos de otra forma.
Creo que Virginia está tratando de cancelar el permiso de viaje, pero me parece improbable que pueda. Por un lado, porque JuanBa ya salió del país, y por otro, porque confío en que algo de la cabeza de Eugenio le dirá que estando conmigo no correrá mucho peligro.
De cualquier manera, yo estoy de muy buen humor. Nuestro viaje a Montevideo fue muy gracioso. Quisimos hacer dedo nuevamente, y para ello fuimos a una estación de servicio que estaba a 1 km de Paysandú.
JuanBa me sorprendió. Yo no había apoyado la mochila en el piso, y él ya había hablado con un camionero que lo llevaría directo a Montevideo. Recuerdo que me dijo que iba al baño, y cuando volvió, cargó su mochila y me dijo: ``bueno, Sofi (él me llama por mi segundo nombre), yo me voy, nos vemos en la terminal de ómnibus´´. Yo pensé que me estaba haciendo un chiste, pero lo vi efectivamente subirse a un camión.
Me quedé atónita. Si bien había pensado que en algún momento me iba terminar separando de él, no me imaginé que sería tan pronto. No estaba emocionalmente preparada; fue muy brusco. Sin embargo, supuse que no me quedaba otra que intentar lo mismo. Hablé con los 4 camioneros que allí estaban, pero ninguno me llevó. De cualquier manera, me armé de paciencia y me senté bajo un arbusto, esperando que lleguen más camiones. (el sol del mediodía es terrible en esa zona, y veníamos soportándolo desde Paysandú).
Saben una cosa? Yo no creo en el destino, pero únicamente porque veo que la mayoría de la gente entiende al destino como una inercia en el devenir de las cosas que no tiene ninguna raíz en el presente, sino que parte de alguna especie de consciencia que existe más allá del tiempo. Ahora bien, si me preguntan a mí, no puedo concebir que absolutamente nada tenga sus raíces más profundas en el presente. Más allá de la idea de que la percepción es concepción, creo que el pasado se conjuga por la memoria y ésta siempre tiene ``objetivos´´ o ``especulaciones´´; y el futuro –aquí está lo interesante –es un deseo o una mirada trascendente que opera a niveles mucho más complejos de lo que pensamos.
Es por esto que no pude menos que leer una mutua intención cuando Inés apareció en la estación de servicio. Venía ligera de equipaje, dispuesta a hacer dedo para llegar a Montevideo.
Ella es de Paysandú, y había tomado esta inusual decisión gracias al feriado nacional del 1ero de marzo. En realidad, no es feriado propiamente, sino que se estaba llevando a cabo la asunción del presidente José ``pepe´´ Mujica, al parecer una propuesta diferente en la historia política de Uruguay. Yo la verdad no sé mucho de él, pero no pude menos que sentir empatía por los lugareños.
El punto es que esto había ocasionado el retraso de decenas de camiones que esperaban en el puente internacional (nosotros lo habíamos visto al cruzar), y recién podrían hacer aduana el 2do. Inés, por lo tanto, había supuesto que no tendría dificultades para conseguir uno que la llevase a la ciudad. Al parecer, estaba yendo a Montevideo a visitar a su primo, que vive en Brasil y había salido de viaje como yo.
Efectivamente, no tuvimos problemas para movernos, y a la noche estábamos en Montevideo. Me despedí afectivamente de Inés, que se iba a buscar a su primo, y yo me dirigí a la terminal de ómnibus. Qué ingenua fui al pensar que no la volvería a ver.
1/3
Hoy JuanBa me propuso hacer dedo. Yo sé que no es algo tan terrible y de hecho ya he viajado en vehículos extraños antes, pero recién llegábamos a Uruguay (anoche nos fuimos de Gualeguaychú para salir del país. Como el conflicto de las papeleras terminó bloqueando el paso Gualeguaychú-Fray Bentos, tuvimos que ir hasta Colón, donde se encuentra el siguiente puente –a Paysandú -), y el aire forastero me puso arisca. JuanBa me tranquilizó, me dijo que –Uruguay era igual a Argentina ( y efectivamente es así), pero yo seguía con un gusto amargo, porque para colmo ayer me llamó Eugenio preguntando dónde estábamos y le di la terrible noticia. Empecé a temblar, y lo dejé hablando con JuanBa; no sé que se dijeron.
Por suerte, al poco tiempo nos levantó un tipo divino. Labura con su combi, llevando obreros rurales de Paysandú a sus alrededores. Nos dejó en la entrada del pueblo; ahí donde la ruta se bifurca hay una zona que bien hace las veces de parque, sin llegar a serlo.
Ahora estamos acá, acampando. Es un noche calurosa, hay luna llena y el lugar es tranquilo. Mañana planeamos llegar a Montevideo. Vamos a conocer las famosas costas atlánticas del Uruguay.
Ceci, la otra empleada que laburaba en la biblioteca conmigo, me habló muy bien de Cabo Polonio. Por lo pronto iremos a Montevideo, y allí veremos mejor. Quizás empecemos por Punta del Este, aunque a JuanBa este lugar no creo que le guste mucho (la pasaría mejor más al norte, donde se respira más el aire bohemio).
-0-
Hoy a la mañana, durante el corto lapso que estuvimos en Colón, sentí algo muy fuerte. Como es 1ero de marzo, y los colegios ya abrieron, más de una vez nos cruzamos con contingentes de niños que iban a la escuela. Fue fuerte recordar mis años de educación primaria y las miles de mañanas que yo pasé así, frecuentando un aula que se me aparecía gris, mirando por la ventana los árboles de la cuadra y escuchando el rumor ocasional de los autos , preguntándome qué sería de la vida de aquellas personas que veía las contadas veces que salía a la calle con mi grado: el señor que pasea su perro, el hombre que maneja un auto, el chico que camina por la calle con su mochila… y ahora yo me estaba reconociendo a mi misma en esas figuras que tanto me atraían cuando niña. Estaba viendo en la cara de todos esos chiquitos con guardapolvo mis propios ojos escrutantes, mi propia inocencia cautivada por aquella ajenidad maravillosa. Quién será esa muchacha cuya mochila mide lo mismo que nosotros? Qué tanto llevará ahí? De tan lejos vendrá, que no pudo viajar más ligera? No lo sé, niños queridos, no lo sé. Les juro que si algún descubrimiento he hecho a lo largo de estos años sobre esas personas, es que no escondían tanto como yo pensaba.
28/2
Juan Bautista es una persona excepcional. Ya de chiquito mostraba facultades extraordinarias, y teniendo un padre adicto a la electrónica no tardó en desarrollar un conocimiento asombroso de la constitución de los electrodomésticos.
Uno creería que, habiendo estudiado luego en un colegio técnico de prestigio (la Phillips, para los que la conocen), su vocación futura estaría cantada. Pero no –y esto es lo que más admiro de él y creo que lo hace un chico único -, si uno llega a conocerlo no tarda en darse cuenta que su futuro no está ahí.
Sin ninguna clase de estímulos o influencia activa en su vida, JuanBa mostró un interés muy fuerte por la lectura. Nunca dejaba de leer por las noches, incluso en períodos de alerta escolar. Encima no leía solamente novelas; leía también historia y filosofía. Hace un tiempo le agarró la manía con los textos clásicos. Puedo asegurar que si alguien menciona algún libro clave en la historia que él no conozca, no va a tardar en tener reseñas del mismo, si acaso no lo leyó.
Piensa piensa piensa y siempre me deslumbra con sus ideas. Es cierto que a veces me pongo en posición de mamá con él, pero la verdad es que su compañía me disipa muchas inseguridades. Qué bueno que es tenerlo! Si no fuese por él, hoy no habríamos almorzado (yo soy un desastre con las fogatas y para colmo en el camping de Gualeguaychú hay poca madera seca), y con todas las complicaciones es igual: consigue una respuesta efectiva.
De él fue la idea de que este viaje culminara en México. Mi sueño siempre fue abandonar la patria para divagar por el continente, escribiendo artículos y quizás dando algún cursillo.
Por eso me encantó su propuesta, porque significaba cita obligada con toda Latinoamérica y conocer la segunda ciudad más grande del mundo.
Lo único que tiene de malo mi convivencia con él es que es muy callado y yo soy una parlanchina. Pero la experiencia me mostró que con unas cervezas esa actitud medianamente se arregla.

CAPÍTULO 1: LA REPÚBLICA ORIENTAL

25/2
Mañana voy secuestrar oficialmente a mi sobrino. Digo oficialmente, porque el secuestro en sí ya es un hecho. Mañana sale el colectivo, mi hermano no sabe nada, y los bolsos esperan junto a la puerta de mi departamento de colegiales. Tanto miedo tenía de que Eugenio sospeche, que casi toda la ropa que JuanBa (si, rompo las leyes de la gramática para conservar la unicidad de su nombre) se lleva se la compré esta semana. Ay, Dios, a veces me pregunto si esto no será un gran error.
Pero no, no puede ser. JuanBa está re entusiasmado y yo sueño con este viaje desde la secundaria. Nos vamos al norte. Bien al norte. Y si, si tengo que ser sincera, me cagué – lo digo así, me cagué –en la opinión de mi hermano y su esposa para esto. Ni siquiera les di una oportunidad. Seré una soberbia de mierda, si, pero yo los conozco. Será mi hermano, lo querré mucho y su mujer me habrá enseñado un montón de cosas que siempre le agradeceré, pero siguen siendo un matrimonio de conservadores. Y a mi esto nunca se me pasó por alto; ya de pendeja le decía yo a Eugenio que al nene lo mimaban hasta cuando se bañaba. `` Dale Juanchute, dejame que te pase yo el shampoo, que si no el pelo se te eriza´´ ¡ y para esa altura ya le habían encontrado dos revistas Hombres debajo de la cama! Qué neurótica que es mi cuñada, por favor.
Pero bueno, pará Aurora, concentrate, que hay gente que te está leyendo. Hola, bloggers, cómo andan? Les cuento que abrí este espacio como un salvoconducto. Si no comento todo lo que me está pasando voy a explotar. Igual, también hay algo de querer dejar un registro de este viaje. Porque al fin y al cabo estoy acá para cumplir un sueño, o no?
Hoy a la tarde salimos de Pergamino. La versión oficial es que JuanBa vuelve a Buenos Aires para inscribirse en 4rto año otra vez, y me pidió que lo acompañe. Al principio esta excusa me dio miedo, porque fui yo la razón de que JuanBa abandonase el año pasado. Pero después lo pensé y efectivamente es lo más realista que podría suceder. Por supuesto, Eugenio se mostró reticente al principio, pero terminó accediendo. Ay! Todavía no me creo que él nos esté esperando para cenar mañana. Cuando se preocupe y llame, ya vamos a estar en Gualeguaychú.
-0-
Haber tenido que preparar todo este viaje desde Buenos Aires significó un esfuerzo extra no sólo para mi sino también para mi cartera. Todos los trámites y compras que hice fueron más costosos para mí en Capital. Pero qué iba a hacer? No podía andar yendo y viniendo por Pergamino para esto. A Virginia la conoce todo el mundo y en ese infiernillo seguro que alguien iba a hablar.
Al final de todo, me quedaron 1200 U$D. no sé cuánto vamos a hacer con eso; la verdad es que nunca viajé de esta forma, pero ya nos arreglaremos. JuanBa es voluntarioso y por mucho que me lo quiera negar, algo de prestigio como escritora adquirí (recientemente se publicaron dos artículos míos en un librito que editaron desde la facultad de Sociales). Espero que me sirva de algo.

el comienzo, el cimiento, la cimiente...

Bienvenidos, damas y caballeros, al diario de viaje que nuestras andanzas han engendrado. Leerán aquí ustedes las reflexiones y pensamientos que nos depara el camino, y conocerán a través de nuestros ojos paisajes y personas de todos los rincones de Latinoamérica.
Porque venimos del sur, porque somos como el viento – quién sabe dónde irá -, les presentamos aquí los rumores de una tierra que va perdiendo las fronteras con cada paso que damos: Septentria.


Por Aurora Sofía y Juan Bautista Lamas.