viernes, 14 de mayo de 2010

APÉNDICE 1: Aurora

Al atardecer del sábado 3 de abril, cuando partía del pueblo que fue testigo de mis revelaciones, atajé esta canción que venía en el viento:

El otoño estaba verde
la gente no me vio llegar;
yo llevaba en mi maleta
vino de ilusiones y algo más.

Montecasereña
luna llena en la rivera
luz de mis recuerdos
se amalgama con la niebla

niña de esta tierra
tus piecitos en la arena
miras ir el tiempo
los deseos no te pesan.

¡Ay niñita santa
no me mires más
que yo no soy tan fuerte
como has de pensar!

Eres tú la diosa,
la que hay que admirar;
simple e inocente
¿Por qué quieres más?

Sueños y desvelos
eslabonan mi cadena;
soy el prisionero
de la magia del planeta

Montecasereña
luz plateada en la tiniebla
dame tú la fuerza
para oir la voz sincera.

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